Archivo para vampiros reales

Lamprea Marina

Posted in Animales with tags , , , , , on diciembre 12, 2015 by Morning Kryziz Bonny

En el mundo hay vampiros reales… aunque quizá no en la forma que esperamos.

Ese es el caso de la Lamprea Marina (Petromyzon marinus). Un animal hematófago que vive en el agua.

La lamprea marina ataca peces, se agarra a ellos por medio de succión a través de su boca y aferrándose con sus dientes filosos, con su lengua pasa a través de las escamas, les hace una incisión y bebe su sangre, igual que otros animales hematófagos su boca tiene una secreción que impide la coagulación de la sangre de la víctima.

Su esqueleto es de cartílago y sus dientes de Keratina.

Hay 38 especies de lamprea marina. Usualmente son pequeñas pero 18 de esas especies crecen bastante, algunas llegando a medir hasta 90cm

Se puede encontrar en lagos de España, Francia, Portugal, Norte América así como en el océano atlantico y las costas de Antártica. En Europa es deseado culinariamente mientras en América es una plaga.

 

¿Cómo identificar un vampiro falso?

Posted in Uncategorized, Vampiros, Vampiros Ficticios, Vampiros Reales with tags , , , on febrero 20, 2014 by Morning Kryziz Bonny

Es preocupante el exceso de mensajes desesperados de personas, en especial pre-adolescentes (sí, estoy regañando a varios de ustedes) que desean transformarse en vampiros. Quizá más preocupante es la forma en la que se les dejan sus datos a un montón de extraños que juran serlo y como acuerdan verse en persona.
Cualquiera puede ser quien quiera tras una computadora y en lugar de toparte con algo así

Vampirus Anorexicus Bellus

puedes encontrarte con algo así, o PEOR.

Andrei Chikatilo – Mató a 52 personas en su mayoría niños y adolescentes. Bebío su sangre, los violó, comió su carne y mutiló sus órganos sexuales.

Marcelo de Andrade – 14 niños como víctimas. Los violó, mató y bebió su sangre.

Tsutomu Miyazaki – Asesinó a 4 niñas pequeñas. Molestó sus cuerpos y bebió su sangre. Luego mandó postales a sus familiares describiendo las horribles muertes de sus víctimas.

En un mundo hipotético donde los vampiros buscan cada noche a sus víctimas o futuros aprendices y parejas para la eternidad via internet, creo que el último lugar al que recurrirían serían sitios web de vampiros. Muy fácil.
Saben quién usa el internet esperando encontrarse a gente (en especial no-adultos) dando mentiras sobre quiénes son? los psicópatas y algunos pedófilos.

 

Así que ¿cómo detectar fácilmente a un falso vampiro?

(Todas estas conductas son típicas de los falsos vampiros)
1. Responde comentarios en foros/temas de vampiros ofreciendo transformarte o dándote recetas para hacerlo.
De nuevo, demasiado fácil. Si vemos todo el material sobre vampiros que se conoce a la fecha, uno de los puntos más importantes es el anonimato y la discreción, un vampiro no manda mensajes privados o contesta comentarios, un vampiro de estar interesado se inmiscuiría en tu vida sin que lo sospecharas.
2. Tiene pésima redacción y ortografía (uno pensaría que los tantos siglos que se adjudican servirían para leer unos cuantos libros y corregir sus maneras al escribir)
3. Su “historia de vida y transformación” es un plagio del libro o serie del momento.
4. Contradicen cada mentira que ponen. Como ya no saben que inventarse y su furor por Crepúsculo se mudó a The Vampire Diaries, pues sus universos se confunden un poquito en sus cabecitas.
5. Te pide tu información y fotografías (alerta de pervertido)

El Almohadón de Plumas – Horacio de Quiroga

Posted in Argentina, Autores, Cuentos, Horacio de Quiroga, Literatura, Uruguay with tags , , , , , , , on agosto 9, 2013 by Morning Kryziz Bonny

Horacio de Quiroga, nacido en Uruguay en 1878 fue un escritor latinoamericano con una característica forma de ver el horror en la cotidianidad. Amirador de Edgar Allan Poe, probablemente por la similitud entre ellos de llevar una vida trágica (Su padre murió en un accidente al salir a cazar, su esposa y padrastro se suicidaron y mató accidentalmente a su mejor amigo) es clara la influencia que tuvo este personaje en su estilo.

Horacio de Quiroga escribió diversos cuentos que pueden ser clasificados dentro del género de vampiros como “El Vampiro” “El Espectro” y “El Almohadón de Plumas”.

El Almohadón de Plumas es un cuento nos habla de un tipo de vampiro sumamente real.

El Almohadón de Plumas

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst… -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio… poco hay que hacer…

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

Algunas adaptaciones que se han hecho de la obra:

En el siguiente video, el cuento empieza en el minuto 10:35

A %d blogueros les gusta esto: