Archivo para Histeria Colectiva

El caso de Arnold Paole – Caso documentado de un vampiro

Posted in Arnold Paole, Testimonios, Uncategorized, Vampiros Reales with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on julio 4, 2013 by Morning Kryziz Bonny

Arnold Paole fue un Haiduque de Serbia. Los haiduques pertenecían a un tipo de guerrilla que luchaban por la libertad en los balcanes aunque también eran conocidos por robar a los otomanos (imperio turco) quienes fueron responsables de la caída de constantinopla y con planes (algunos existosos) de expandirse por Europa, Asia y Africa desde 1299 hasta su fin en 1923. Los Haiduques eran recompensados con tierras por sus servicios.

Pero Arnold no ganó su fama por este hecho sino porque cuando murió en la villa de Meduegna/Metwett (cerca del río Velika Morava) supuestamente se levantó como vampiro, mató a más de 16 personas y todo el incidente fue documentado por autoridades austriacas (Serbia en ese tiempo estaba incorporado al imperio austríaco)

Imagen 5 Ubicación aproximada de Meduegna

Este incidente es terriblemente confuso, ya que las fechas, nombres y detalles cambian mucho en diversos escritos, y así como el incidente está documentado oficialmente, hay muchas partes no comprobables.

Se dice que Arnold mencionó varias veces haber sido atacado por un vampiro en Gossowa (Kosovo) y curarse tras seguir a su atacante a su tumba, cortar su cabeza y beber su sangre mezclada con tierra. Estas historias las contó cuando regresó a su aldea en 1725, posible año de su muerte. La distancia entre ambas ciudades eran aproximadamente 140km.

De 20 a 30 días después de su muerte, 4 habitantes de Meduegna murieron. En algunos relatos se dice que algunos testigos dijeron haber visto a Arnold después de su muerte y que todos ellos murieron también. Pero sus muertes no están registradas así que podríamos asumir que los 4 habitantes fueron los testigos.

El “Hadnack” o comandante local de la aldea, quien parecía ya tener cierta experiencia con casos similares, sugirió abrir la tumba de Arnold (exhumación), algo que estaba estrictamente prohibido por el emperador serbio Stephen Uroš IV “Dušan el grande” debido a que justamente por esas fechas la muerte negra estaba asotando Europa del este y una de las pocas soluciones exitosas en ese entonces, era permanecer alejado de cadáveres.

Cuando abrieron la tumba, el cuerpo estaba intacto, la piel se veía rosada (ninguna señal de descomposición). No solo eso, había sangre fresca saliendo de su boca, ojos, nariz y oídos y tenía uñas nuevas. Al clavarle una estaca, el cuerpo reaccionó a gruñidos y sangrando. Así que también decidieron quemarlo. Hicieron lo mismo con sus supuestas 4 víctimas.

Pero las muertes no terminaron ahí, pues en 1731 aún después de exhumar y quemar a Arnold, 13 personas murieron en 6 semanas. La histeria colectiva era tal en esos momentos  que los habitantes pidieron ayuda al emperador Carlos VI y amenazaron con abandonar el enclave si no se ocupaban de los vampiros. Si esto sucedía, Serbia perdería parte de su territorio, cercano al río debido a que estaban practicamente rodeados por el imperio otomano.

Mandaron a 2 doctores. El 12 de diciembre de 1731 a Glaser (especialista en enfermedades contagiosas de la ciudad de Paracin) y el 7 de enero de 1732 a Flückinger (cirujano militar enviado tras el informe de Glaser, debido a que se necesitaban más investigaciones antes de dar un permiso para eliminar los cuerpos de las nuevas víctimas. Un dato curioso es que cuando Flückinger llega a la aldea, el conteo ya estaba en 17 víctimas, aunque los informes presentan un número mayor ) Puedes descargar el informe “Visum et Repertum” de Flückinger, traducido al español por Lluïsa Romero y Jordi Ardanuy aquí

Todas las víctimas se quejaban de dolores punzantes, dolor en pecho y costados. Además presentaban fiebre prolongada y convulsiones. Las víctimas fueron las siguientes:

Milica (mujer de 50 años según Glaser, de 69 según Flückinger) Fallecida tras 3 meses de enfermedad. Señalada junto con Stana de empezar la epidemia. Milica llegó al pueblo seis años antes procedente de la zona turca. Una vez mencionó que había comido carne de dos ovejas muertas asesinadas por vampiros (Paole y sus primeras víctimas). Según algunos testigos, en vida había sido pálida y flaca. Cuando abrieron su tumba la encontraron llenita y coloreada.

Miloje (muchacho, 14 años según Glaser, de 16 según Flückinger) Hijo de un Haiduque. Fallecido tras una enfermedad de 3 días. Encontrado con condiciones de vampirismo.

Joachim (muchacho, 15 años según Glaser, de 17 según Flückinger) Hijo de un Haiduque. Fallecido tras una enfermedad de 3 días. Encontrado con condiciones de vampirismo.

Petar (muchacho, 15 años)

Stana (mujer, 20 años) Muerta al dar a luz tras 3 días de enfermedad. Señalada junto con Milica de empezar la epidemia. Había admitido que se había frotado el cuerpo con sangre de vampiros como medida de protección contra ellos. Se le encontró con los órganos intactos, uñas y piel nueva aunque con el útero con la placenta dentro en estado de podredumbre.

???? (hijo recién nacido de Stana) Enterrado junto a una verja de la casa donde había vivido, ya que no había vivido tiempo suficiente como para ser bautizado. Flückinger informa de su cadáver semidevorado por los perros debido a la forma de enterrarlo.

Vučica (muchacho, 9 años)

Milošova (mujer de un haiduque, 30 años)

Rade (hombre, 20 años según Glase, 23 según Flückinger) fallecido tras 3 meses de enfermedad.

Ruža (mujer, 40 años), fallecida tras 10 días de enfermedad. En condiciones de vampirismo. Tenía sangre líquida en el pecho.

???? (el bebé de Ruža de 18 días) También presentaba condiciones de vampirismo.

???? (un niño de 8 años de edad)

???? (una niña de 10 años de edad) Con condiciones de vampirismo. Mucha sangre líquida en el pecho.

???? (La mujer del comandante local) No presentó signos de vampirismo

???? (Hijo del comandante local, 18 días de edad) No presentó signos de vampirismo

???? (Mujer del bariacar) No presentó signos de vampirismo

???? (Hijo del bariacar) No presentó signos de vampirismo

Stanjko (Haiduque anciano de 60 años) También presentaba condiciones de vampirismo.

Miloje (segunda víctima de ese nombre, hombre, haiduque de 25 años) presentaba condiciones de vampirismo.

Stanojka (mujer de un haiduque, 20 años) muerta tras 3 días de enfermedad, aunque según el reporte de Flückinger, debido a marcas en su cuello y una marca morada cerca de su oído, dictaminó que murió estrangulada . Según relató su suegro Jovica, quince días antes Stanojka se había despertado a medianoche con gran terror y gritó que había sido atacada por el segundo Miloje. También presentaba condiciones de vampirismo.

???? (bebé de 8 días) Encontrado con características de vampirismo.

Los cuerpos con signos de vampirismo fueron decapitados por gitanos bajo el permiso que había dado el imperio austríaco. Luego fueron quemados y tiraron sus cenizas al río Morava. Los cuerpos descompuestos se volvieron a enterrar.

Algo curioso es que hay varias fechas documentadas que indican la muerte de Arnold Paole.

1725 – año en el que regresó a Meduegna, año en el que cuenta sobre su ataque vampírico y supuesta primera fecha de su muerte (bajo un coche de heno) y probable año de su exhumación y destrucción

1726- supuesta segunda fecha de su muerte (bajo un coche de heno) y probable año de su exhumación y destrucción

1732- año en el que varios artículos datan su muerte.

Aunque hay varios hechos sospechosos alrededor de este incidente, también debemos recordar que eran tiempos en los que la medicina seguía en pañales. Tan solo en la investigación de estos 2 doctores con meses de diferencia entre sus estudios podemos ver muchas discrepancias en sus descripciones. Lo peor es que sólo hay 2 documentos cortos con estos datos Visum et repertum, mencionado antes y la carta de Glaser completamente en alemán y es posible que muy lejos de su original.

Este incidente es de suma importancia en el mundo de los vampiros pues fue la primera vez que se les llamó oficialmente en una publicación “Vampirus” (Latín) (antes eran “Upir” o eran conocidos con otros nombres en diversas mitologías)

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Voltaire sobre los Vampiros

Posted in Autores, Diccionario, Diccionario Filosófico, Europa, Francia, Literatura, Países, Voltaire with tags , , , , , , , , , on enero 30, 2013 by Morning Kryziz Bonny

¿Por qué uno de los mayores representantes de la ilustración y defensores de la razón hablaba sobre los vampiros?

Verán, ciertos incidentes hicieron que los vampiros tuvieran mucha popularidad en esa época tanto como en la nuestra, aunque con ciertas diferencias.

Mientras que los vampiros de nuestra época son principalmente íconos sexuales para chicas adolescentes, en ese entonces había una histeria relacionada a la creencia de que ciertos muertos estaban cobrando vida y enfermando a sus parientes vivos.

Las escabrosas historias aparecían en los periódicos y en general se creó una histeria colectiva tan grande que culminó en exhumaciones, afectaciones a los cadáveres (se les clavaron estacas, decapitaron, pusieron ladrillos en la boca y otros detalles) y hasta la creación del mayor ícono en el genero de vampiros: Dracula.

La ilustración se empezaba a ver afectada por este tipo de creencias, es por eso que en su diccionario filosófico, Voltaire, hace una crítica a la sociedad que aún cree en vampiros.

 

Vampiros

Diccionario Filosófico

Voltaire

¿Es posible que haya vampiros en el siglo XVIII, después del reinado de Locke, de Saftersbury, de Trenchard y de Collins? ¿Y en el reinado de d’Alembert, de Diderot, de Saint Lambert y de Duclós se cree en la existencia de los vampiros, y el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con la aprobación de la Sorbona?

Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre a los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre, se quedaban pálidos y se iban consumiendo; y los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban completamente apetitosos. En Polonia, en Hungría, en Silesia, en Moravia, en Austria y en Lorena, eran los países donde los muertos practicaban esa operación. Nadie oía hablar de vampiros en Londres ni en París. Confieso que en esas dos ciudades hubo agiotistas, mercaderes, gentes de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo; pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupones no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de [181] Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Démostenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos del rito griego creían que los cuerpos de los cristianos del rito latino, que se enterraban en Grecia, no se pudrían, porque estaban excomulgados. Creían precisamente lo contrario que nosotros los cristianos del rito latino, que creemos que los cuerpos que no se corrompen son los que tienen impreso el sello de la bienaventuranza eterna, y en cuanto se pagan a Roma cien mil escudos por la canonización de cada santo, tributamos a éste la adoración de dulía.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El célebre Tournefort, emisario que mandó a Levante Luis XIV, lo mismo que otros aficionados, fue testigo de algunas jugarretas atribuidas a uno de los broucolacas y de la citada ceremonia.

Después de la maledicencia nada se comunica tan rápidamente como la superstición, el fanatismo, el sortilegio y los cuentos de aparecidos. Pronto hubo broucolacas en Valaquia, en Moldavia y en Polonia, aunque esta nación pertenece al rito romano y no le faltaba más que esta superstición, que se transmitió a toda la parte oriental de Alemania. Continuamente estuvieron ocupándose de los vampiros desde 1730 hasta 1735; los espiaron, les arrancaron el corazón y los quemaron; pero semejantes a los antiguos mártires, cuantos más quemaban más aparecían.

Calmet fue su historiógrafo, y se ocupó de los vampiros, como antes se había ocupado del Antiguo y del Nuevo Testamento, refiriendo fielmente todo lo que sobre esta materia habían dicho antes que él.

Debe ser una cosa curiosísima examinar los procesos verbales jurídicamente entablados a los muertos que salieron de sus fosas para chupar la sangre a los niños y a las niñas de la vecindad. Calmet refiere que en Hungría dos empleados que para este objeto nombró el emperador Carlos VI, con el bailío y el verdugo, fueron a formar causa a un vampiro, muerto seis semanas antes, que chupaba la sangre de los niños de la vecindad, y le encontraron cerrado en el ataúd, fresco, robusto, con los ojos abiertos y pidiendo de comer. El bailío dictó la sentencia; el verdugo arrancó el corazón al vampiro, y después de esta [182] operación ya no chupó la sangre a nadie. Después de este caso nadie debe atreverse a dudar de los muertos resucitados que llenan las antiguas leyendas, ni de ninguno de los milagros que refieren Bollandus y el sincero y reverendo Ruinard.

Encontramos historias de vampiros hasta en las Cartas judías de Argens, a quien los jesuitas acusaron de incrédulo y que luego saborearon su triunfo, cuando el citado autor refirió la historia del vampiro de Hungría, y dieron gracias a Dios y a la Virgen por la conversión de Argena. He aquí lo que dijeron del referido autor: «El famoso incrédulo que dudó de la aparición del ángel a la Virgen, de la estrella que vieron los Reyes Magos, de que se curaran los poseídos, de que se ahogaran dos mil cerdos en un lago, del eclipse que hubo de sol en luna llena, de los muertos que se paseaban por Jerusalén; tocado por la divina gracia, se iluminó su espíritu, y cree en la existencia de los vampiros».

La gran cuestión que hubo entonces fue averiguar si aquellos muertos resucitaron por su propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo. Los grandes teólogos de Lorena, de Moravia y de Hungría hicieron públicas sus opiniones y su ciencia. Recordaron todo cuanto antes San Agustín, San Ambrosio y otros santos dijeron más ininteligible respecto a los vivos y a los muertos. Trajeron a colación todos los milagros de San Esteban que están incluidos en el séptimo libro de las obras de San Agustín, y he aquí uno de los más curiosos. Quedó aplastado un joven en África en la ciudad de Aubzal bajo las ruinas de una muralla, y la viuda fue inmediatamente a invocar a San Esteban, de quien ella era devota, y San Esteban resucitó al aplastado, al que le preguntaron qué es lo que había visto en el otro mundo: «Señores, contestó a los que le preguntaban: cuando mi alma salió de mi cuerpo, encontró infinidad de almas que le hicieron la misma pregunta respecto al mundo. Yo iba no sé a donde cuando encontré a San Esteban, que me dijo: «Devolved lo que habéis recibido». Yo le repliqué: «¿Qué queréis que os devuelva si nunca me disteis nada?» Me repitió tres veces: «Devolved lo que habéis recibido». Entonces comprendí que quería hablar del Credo. Recé el Credo, y en seguida me resucitó.

Citaron además los referidos teólogos las historias que refiere Sulpicio Severo en la vida de San Martín, y probaron que entre los muertos que resucitó San Martín devolvió la vida a un condenado; pero todas esas historias, aunque sean verdaderas, no tenían nada que ver con los vampiros que chupaban la sangre de los niños y luego volvían a meterse en sus ataúdes. Buscaron también en el Antiguo Testamento y en la mitología algún vampiro que pudieran presentar como caso antiguo; no [183] encontraron ninguno, pero probaron, sin embargo, que los muertos comían y bebían, fundándose en que algunos pueblos antiguos les metían alimentos en las fosas.

Cuestionaron también si comía el alma o el cuerpo del muerto, y quedó decidido que comían la una y el otro. Los platos más delicados y de poca substancia, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y el rost-bif y el bifs-teak se los comía el cuerpo.

Decían que los reyes de Prusia fueron los primeros que después de muertos se hacían servir alimentos, y que los imitaban casi todos los reyes de entonces, pero fueron los frailes los que se les comían la comida y la cena y los que se les bebían el vino; de modo que, hablando con propiedad, los reyes no eran vampiros; los verdaderos vampiros son los frailes, que comen a expensas de los reyes y de los pueblos.

Verdad es que San Estanislao, que había comprado gran extensión de terreno a un gentilhombre polaco y no se lo había pagado, perseguido por los herederos ante el rey Boleslao, resucitó a dicho gentilhombre; pero fue únicamente para pagarle la deuda, y no se dice que diera ni un solo vaso de vino al vendedor, que se volvió al otro mundo sin comer ni beber.

Se agita con frecuencia la grave cuestión de si puede absolverse al vampiro que murió excomulgado; no soy teólogo bastante profundo para decidirlo; pero por mi parte yo lo absolvería porque cuando hay que escoger entre dos partidos dudosos, debe elegirse el más benigno.

El resultado de todo es que una gran parte de Europa estuvo infestada de vampiros durante cinco o seis años, y que hoy ya no existen; que hubo convulsionarios en Francia durante más de veinte años, y que hoy ya no los hay; que resucitaron muertos durante algunos siglos, y que hoy ya no los resucitan; que tuvimos jesuitas en España, en Portugal, en Francia y en las Dos Sicilias, y que hoy ya no los tenemos.

*Traducción encontrada en  http://www.filosofia.org
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