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Literatura Gratuita de Vampiros

Posted in Cuentos, Links, Literatura, Poesía, Uncategorized with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on agosto 15, 2013 by Morning Kryziz Bonny

 

Usualmente el primer pretexto para no leer es que “los libros son caros” así que hoy  les tengo un regalo.

Los siguientes enlaces son libros, cuentos y relatos de vampiros de dominio público (gratuitos) ya que han pasado al menos 70 años desde la muerte del autor. Esto quiere decir que pueden leerlos/descargarlos legalmente.

Muchas de estas obras han inspirado novelas y películas de nuestros días.

Lenore – Gottfried August Bürger

Sobre Los Vampiros – Voltaire

El Vampiro Bondadoso – Charles Nodier

Diversos Relatos de Vampiros en las Mil y una Noches

El Giaour – Lord Byron

Christabel – Samuel Taylor Coleridge

Rojo es el Color de la Sangre – Conrad Potter Aiken

El Vampiro – Vasile Alecsandri

El Vampiro – Rudyard Kipling

La Novia de Corinto – Goethe

Ligeia – Edgar Allan Poe

La metamorfosis del vampiro y El Vampiro – Charles Baudelaire

Drácula – Bram Stoker

El Vampiro – John Stagg

El Vampiro – John William Polidori

La Muerte Amorosa – Théophille Gautier

La Familia Vurdalak – Alexei Tolstoi

Varney el Vampiro – James Malcom Rymer y Thomas Preskett (Inglés)

El Extraño Misterioso – Anónimo (Inglés)

La Vampira – Paul Féval (Francés)

La Ciudad Vampiro – Paul Féval

El Caballero Tenebroso – Paul Féval (Francés)

Carmilla – Sheridan Le Fanu

El destino de Madame Cabanel – Eliza Lynn Linton (Inglés)

Manor – Karl Heinrich Ulrichs

La Verdadera Historia de un Vampiro – Eric von Stenbock

Lilith – George MacDonald (Inglés)

La guarida del gusano blanco – Bram Stoker (Inglés)

Pues la sangre es vida – Francis Marion Crawford

Claro de Luna – Seabury Quinn

Hechizado – Edith Wharton

Deja a los Muertos en Paz- Ernst Raupach

El Cuarto en la Torre – E.F Benson

El Almohadón de Plumas – Horacio Quiroga

El Castillo de los Carpatos – Julio Verne

El Conde Magnus – M.R James

El Espectro – Horacio Quiroga

El Horla – Guy de Maupassant

El Rostro – E.F Benson

El Vampiro – Horacio Quiroga

El Vampiro Arnold Paul – Charles Nodier

El Vampiro Bailarín – Alexander Afanasiev

El Vampiro en el Convento – Louis-Antoine Caraccioli

El Vampiro Harppe – Charles Nodier

Vampirismo – E.T.A Hoffmann

La guerra de los vampiros – Gustave Le Rouge

El prisionero del planeta Marte – Gustave Le Rouge

The Vampire (Strigoiul) – Vasile Alecsandri

Posted in Autores, Europa, Literatura, Poesía, Rumania, Uncategorized with tags , , , , , , , , , , , , , , on marzo 26, 2011 by Morning Kryziz Bonny

 

Vasile Alecsandri fue un escritor y poeta rumano, que también incursionó en la política y la diplomacia. Aparentemente fue el primero en hacer una recolección de canciones del folklor de su país. El siguiente poema, El Vampiro,  lo escribió en 1886 mientras era ministro rumano en París, más o menos cuatro años antes de morir.

A continuación se presenta el poema en su idioma original, en inglés y en español.

La traducción al español es mía, siento no poder traducir de forma que se lea “lindo” pero al menos podrán entender más o menos lo que dice aquellos que no sepan rumano o inglés.

 

Idioma Original:

În prăpastia cea mare,
Unde vântul cu turbare
Suflă trist, înfricoşat,
Vezi o cruce dărâmată
Ce de vânt e clătinată,
Clătinată ne-ncetat?

Împrejur iarba nu creşte
Şi pe dânsa nu-şi opreşte
Nici o pasăre-al ei zbor;
Că sub dânsa-n orice vreme
Cu durere jalnic geme,
Geme-un glas îngrozitor.

Când e noapte fără stele,
Mii de flăcări albăstrele
Se văd tainic fluturând,
Şi prin ele crunt deodată
O fantasmă se arată,
Se arată blestemând.

Călător nenorocite,
Fugi de-acele căi pocite
De ţi-e calul de bun soi,
Că-n mormântul fără pace
Şi sub cruce-acolo zace,
Zace singur un strigoi!

Într-o noapte-ntunecată
Dulce şoaptă-namorată
Prin văzduh încet zbura.
Două umbre sta în vale,
Ce, cuprinse-n dulce jale,
Amor vecinic îşi jura.

Iar pe-o culme-n depărtare
Se vedea mişcând la zare
Un cal alb, copil de vânt;
Coamele-i erau zburlite,
Ş-a lui sprintene copite
Săpau urme pe pământ.

Nu te duce, nu, bădiţă!
(Zicea blânda copiliţă

Cu ochi plânşi, cu glas pătruns)
Ah! te jur pe sfânta cruce!
Stai cu mine, nu te duce…
Dar voinicul n-a răspuns;

Ci, strângând-o cu-nfocare,
După-o dulce sărutare,
Repede s-a depărtat
Şi, sărind cu veselie
Pe-al său cal de voinicie,
În văzduh s-a afundat.

Cine-aleargă pe câmpie
Ca un duh de vijelie
Într-al nopţii negru sân?
Cine fuge, cine trece
Pe la ceasul doisprezece?…
Un cal alb, cu-al său stăpân!

Vântul bate, vâjâieşte,
Falnic calul se izbeşte,
De se-ntrec ca doi voinici.
Dar prin neguri iată, iată
Că lucesc pe câmp deodată
Mii de focurele mici.

Ele zbor, se depărtează.
Zboară calul, le urmează,
Păşind iute către mal.
Stai, opreşte!… de pe stâncă,
În prăpastia adâncă
Au picat stăpân şi cal!

Şi-de-atunci în fund s-aude
Gemete, blăstemuri crude
Care trec pe-al nopţii vânt.
Şi de-atunci ades s-arată
O fantasmă-nfricoşată
Care iese din mormânt!

 

Vampire's embrace by Wolfbane652

 

Inglés:

Near the cliff’s sharp edge, on high
Standing out against the sky,
Dost thou see a ruined cross
Weatherstained, o’ergrown by moss,
Gloomy, desolate, forsaken,
By unnumbered tempests shaken?

Not a blade of grass grows nigh it,
Not a peasant lingers by it.
E’en the sombre bird of night
Shuns it in her darksome flight,
Startled by the piteous groan
That arises from the stone.

All around, on starless nights,
Myriad hosts of livid lights
Flicker fretfully, revealing
At its foot a phantom, kneeling
Whilst it jabbers dismal plaints,
Cursing God and all the saints.

Tardy traveller, beware
Of that spectre gibbering there;
Close your eyes, and urge your steed
To the utmost of his speed;–
For beneath that cross, I ween,
Lies a Vampyre’s corpse obscene!

Though the night is black and cold
Love’s found story, often told,
Floats in whispers through the air,
Stalwart youth and maiden fair
Seal sweet vows of ardent passion
With their lips, in lovers’ fashion.

Restless, pale, a shape I see
Hov’ring nigh; what may it be?
‘Tis a charger, white as snow,
Pacing slowly to and fro
Like a sentry. As he turns
Haughtily the sward he spurns.

Leave me not, beloved, tonight!
Stay with me till morning’s light!’
Weeping, thus besought the maid;
‘Love, my soul is sore afraid!
Brave not the dread Vampyre’s power,
Mightiest at this mystic hour!’

Not a word he spoke, but prest
The sobbing maiden to his breast;
Kissed her lips and cheeks and eyes
Heedless of her tears and sighs;
Waved his hand, with gesture gay,
Mounted, smiled and rode away.

Who rides across the dusky plain
Tearing along with might and main
Like some wild storm-fiend, in his flight
Nursed on the ebony breast of Night?
‘Tis he, who left her in her need–
Her lover, on his milk-white steed!

The blast in all its savage force
Strives to o’erthrow the gallant horse
That snorts defiance to his foe
And struggles onward. See! below
The causeway, ‘long the river-side
A thousand flutt’ring flamelets glide!

Now they approach, and now recede,
Still followed by the panting steed;
He nears the ruined cross! A crash,
A piteous cry, a heavy splash,
And in the rocky river-bed
Rider and horse lie crushed and dead.

Then from those dismal depths arise
Blaspheming yells and strident cries
Re-echoing through the murky air
And, like a serpent from its lair,
Brandishing high a blood-stained glaive
The Vampyre rises from his grave!

 

Vampire by Chadmichaelward

 

Español

 

Cerca de la puntiaguda orilla del barranco, en alto
Contra el firmamento, resaltado
Acaso ves un crucifijo asolado
Manchado por el clima, con musgo acrecentado
Lúgubre, desolado, condenado
Por un sinfín de tempestades golpeado?

Ni una cuchilla de pasto crece ahí,
Ni un campesino ronda por ahí.
Aún la sombría ave de la noche
La evita al elevarse,
Temiendo el fúnebre gruñido
Que proviene del entierro

Alrededor, en noches sin estrellas,
Infinitos huespedes de luces vívidas
Destellando preocupadas, revelando
En su pie un fantasma, arrodillado
Mientras barbotea en terroríficos lamentos,
Maldiciendo a Dios y todos los Santos

Viajero nocturno, cuidado
del espectro que ahí balbucea.
Cierra tus ojos, y apura tu corcel
A su máxima velocidad
Pues bajo esa cruz, yo imagino
Yace el obsceno cuerpo de un vampiro!

Aunque la noche es negra y fría
Una historia de amor, siempre contada,
Flota en murmullos por el aire.
Vigoroso joven y dama majestuosa
Sellan dulces votos de ardiente pasión
Con sus labios, como los amantes.

Inquieta, pálida, una silueta vislumbro
Suspendida cerca; qué podrá ser?
Es un potro, blanco como la nieve
Trotando lento delante y atrás
Como un vigía. Mientras se gira
Orgulloso pisa el prado.

No me dejes, amada, esta noche!
Quédate conmigo hasta la luz de la mañana!
Llorando, la dama rogó;
Amore, mi alma se encuentra triste y temerosa!
Valientes no ante el terrible poder del vampiro,
Fuerte en esta hora mística!

Ni una palabra pronunció, pero preparó
La dama que lloraba contra su pecho
Besó sus labios, mejillas y ojos
Sin poner atención a sus lágrimas y sollozos;
Agitó su mano, con un gesto alegre
Montó, sonrió y cabalgó lejos.

Quién monta por el páramo al atardecer
Furioso con fuerza y brío
Como algún espíritu de tormenta, en su vuelo
Alimentado por el obscuro seno de la noche?
Es él, quien la abandonó en su miseria
Su amante, en su caballo blanco como la leche!

La ráfaga con toda su fuerza salvaje
Contiende para derribar al galante corcel
Que relincha desafiante contra su enemigo
Y pelea avanzando. Mira! abajo
El acantillado cerca del río
Mil luces tintinean brillantes!

Ahora se acercan, y ahora se alejan,
Aún perseguidas por el jadeante potro.
Se aproxima a la cruz en ruinas! Un estruendo,
Un chillido lastimero, una fuerte zambullida,
Y en la cama rocosa del río
Jinete y caballo yacen pulverizados sin vida.

Después de aquellas infames profundidades se levanta
Blasfemando gritos y alaridos estridentes
Resonando a través del tétrico aire
Y, como una serpiente desde su guarida,
Empuñando en alto una espada manchada de sangre
El vampiro se eleva de su sepulcro!

March March by Endry-gol

 

La Novia de Corinto

Posted in Alemania, Autores, Europa, Literatura, Poesía, Wolfgang Von Goethe with tags , , , , , , , , , , , , , , , on octubre 12, 2010 by Morning Kryziz Bonny

 

Bride of Corinth sketch by Seitou

 

Wolfgang von Goethe fue principalmente un poeta y novelista romantico alemán. Además de su obra más famosa “Fausto” también escribió otras maravillas, entre ellas el poema “La novia de corinto” (The Bride of Corinth en inglés” y “Die braut von korinth” en su idioma original)

Aquí les dejo las 3 versiones.

 

Vampiress by Aussie Gal

 

Die Braut von Korinth

Nach Korinthus von Athen gezogen
Kam ein Jüngling, dort noch unbekannt.
Einen Bürger hofft’ er sich gewogen;
Beide Väter waren gastverwandt,
Hatten frühe schon
Töchterchen und Sohn
Braut und Bräutigam voraus genannt.

Aber wird er auch willkommen scheinen,
Wenn er teuer nicht die Gunst erkauft?
Er ist noch ein Heide mit den Seinen,
Und sie sind schon Christen und getauft.
Keimt ein Glaube neu,
Wird oft Lieb’ und Treu
Wie ein böses Unkraut ausgerauft.

Und schon lag das ganze Haus im stillen,
Vater, Töchter, nur die Mutter wacht;
Sie empfängt den Gast mit bestem Willen,
Gleich ins Prunkgemach wird er gebracht.
Wein und Essen prangt,
Eh er es verlangt;
So versorgend wünscht sie gute Nacht.

Aber bei dem wohlbestellten Essen
Wird die Lust der Speise nicht erregt;
Müdigkeit läßt Speis’ und Trank vergessen,
Daß er angekleidet sich aufs Bette legt;
Und er schlummert fast,
Als ein seltner Gast
Sich zur offnen Tür herein bewegt.

Denn er sieht, bei seiner Lampe Schimmer
Tritt, mit weißem Schleier und Gewand,
Sittsam still ein Mädchen in das Zimmer,
Um die Stirn ein schwarz- und goldnes Band.
Wie sie ihn erblickt,
Hebt sie, die erschrickt,
Mit Erstaunen eine weiße Hand.

Bin ich, rief sie aus, so fremd im Hause,
Daß ich von dem Gaste nichts vernahm?
Ach, so hält man mich in meiner Klause!
Und nun überfällt mich hier die Scham.
Ruhe nur so fort
Auf dem Lager dort,
Und ich gehe schnell, so wie ich kam.

Bleibe, schönes Mädchen! ruft der Knabe,
Rafft von seinem Lager sich geschwind:
Hier ist Ceres’, hier ist Bacchus’ Gabe,
Und du bringst den Amor, liebes Kind!
Bist vor Schrecken blaß!
Liebe, komm und laß,
Laß uns sehn, wie froh die Götter sind!

Ferne bleib, o Jüngling! bleibe stehen,
Ich gehöre nicht den Freuden an.
Schon der letzte Schritt ist, ach! geschehen
Durch der guten Mutter kranken Wahn,
Die genesend schwur:
Jugend und Natur
Sei dem Himmel künftig untertan.

Und der alten Götter bunt Gewimmel
Hat sogleich das stille Haus geleert.
Unsichtbar wird Einer nur im Himmel
Und ein Heiland wird am Kreuz verehrt;
Opfer fallen hier,
Weder Lamm noch Stier,
Aber Menschenopfer unerhört.

Und er fragt und wäget alle Worte,
Deren keines seinem Geist entgeht.
Ist es möglich, daß am stillen Orte
Die geliebte Braut hier vor mir steht?
Sei die Meine nur!
Unsrer Väter Schwur
Hat vom Himmel Segen uns erfleht.

Mich erhälst du nicht, du gute Seele!
Meiner zweiten Schwester gönnt man dich.
Wenn ich mich in stiller Klause quäle,
Ach! in ihren Armen denk an mich,
Die an dich nur denkt,
Die sich liebend kränkt;
In die Erde bald verbirgt sie sich.

Nein! bei dieser Flamme sei’s geschworen,
Gütig zeigt sie Hymen uns voraus,
Bist der Freude nicht und mir verloren,
Kommst mit mir in meines Vaters Haus.
Liebchen, bleibe hier!
Feire gleich mit mir
Unerwartet unsern Hochzeitschmaus!

Und schon wechseln sie der Treue Zeichen:
Golden reicht sie ihm die Kette dar,
Und er will ihr eine Schale reichen,
Silbern, künstlich, wie nicht eine war.
Die ist nicht für mich;
Doch, ich bitte dich,
Eine Locke gib von deinem Haar.

Eben schlug dumpf die Geisterstunde,
Und nun schien es ihr erst wohl zu sein.
Gierig schlürfte sie mit blassem Munde
Nun den dunkel blutgefärbten Wein;
Doch vom Weizenbrot,
Das er freundlich bot,
Nahm sie nicht den kleinsten Bissen ein.

Und dem Jüngling reichte sie die Schale,
Der, wie sie, nun hastig lüstern trank.
Liebe fordert er beim stillen Mahle;
Ach, sein armes Herz war liebekrank.
Doch sie widersteht,
Wie er immer fleht,
Bis er weinend auf das Bette sank.

Und sie kommt und wirft sich zu ihm nieder:
Ach, wie ungern seh’ ich dich gequält;
Aber, ach! berührst du meine Glieder,
Fühlst du schaudernd, was ich dir verhehlt.
Wie der Schnee so weiß,
Aber kalt wie Eis
Ist das Liebchen, das du dir erwählt.

Heftig faßt er sie mit starken Armen,
Von der Liebe Jugendkraft durchmannt:
Hoffe doch bei mir noch zu erwarmen,
Wärst du selbst mir aus dem Grab gesandt!
Wechselhauch und Kuß!
Liebesüberfluß!
Brennst du nicht und fühlest mich entbrannt?

Liebe schließet fester sie zusammen,
Tränen mischen sich in ihre Lust;
Gierig saugt sie seines Mundes Flammen,
Eins ist nur im andern sich bewußt.
Seine Liebeswut
Wärmt iht starres Blut;
Doch es schlägt kein Herz in ihrer Brust.

Unterdessen schleichet auf dem Gange
Häuslich spät die Mutter noch vorbei,
Horchet an der Tür und horchet lange,
Welch ein sonderbarer Ton es sei:
Klag- und Wonnelaut
Bräutigams und Braut
Und des Liebestammelns Raserei.

Unbeweglich bleibt sie an der Türe,
Weil sie erst sich überzeugen muß,
Und sie hört die höchsten Liebesschwüre,
Lieb’ und Schmeichelworte mit Verdruß-
Still! der Hahn erwacht!-
Aber morgen Nacht
Bist du wieder da? – und Kuß auf Kuß.

Länger hält die Mutter nicht das Zürnen,
Öffnet das bekannte Schloß geschwind:
Gibt es hier im Hause solche Dirnen,
Die dem Fremden gleich zu Willen sind?-
So zur Tür hinein.
Bei der Lampe Schein
Sieht sie – Gott! sie sieht ihr eigen Kind.

Und der Jüngling will im ersten Schrecken
Mit des Mädchens eignem Schleierflor,
Mit dem Teppich die Geliebte decken;
Doch sie windet gleich sich selbst hervor.
Wie mit Geists Gewalt
Hebet die Gestalt
Lang und langsam sich im Bett empor.

Mutter! Mutter! spricht sie hohle Worte,
So mißgönnt ihr mir die schöne Nacht!
Ihr vertreibt mich von dem warmen Orte,
Bin ich zur Verzweiflung nur erwacht?
Ist’s Euch nicht genug,
Daß ins Leichentuch,
Daß Ihr früh mich in das Grab gebracht?

Aber aus der schwerbedeckten Enge
Treibet mich ein eigenes Gericht.
Eurer Priester summende Gesänge
Und ihr Segen haben kein Gewicht;
Salz und Wasser kühlt
Nicht, wo Jugend fühlt;
Ach! die Erde kühlt die Liebe nicht.

Dieser Jüngling war mir erst versprochen,
Als noch Venus’ heitrer Tempel stand.
Mutter, habt Ihr doch das Wort gebrochen,
Weil ein fremd, ein falsch Gelübd’ Euch band!
Doch kein Gott erhört,
Wenn die Mutter schwört,
Zu versagen ihrer Tochter Hand.

Aus dem Grabe werd’ ich ausgetrieben,
Noch zu suchen das vermißte Gut,
Noch den schon verlornen Mann zu lieben
Und zu saugen seines Herzens Blut.
Ist’s um den geschehn,
Muß nach andern gehn,
Und das junge Volk erliegt der Wut.

Schöner Jüngling! kannst nicht länger leben;
Du versiechest nun an diesem Ort.
Meine Kette hab’ ich dir gegeben;
Deine Locke nehm’ ich mit mir fort.
Sieh sie an genau!
Morgen bist du grau,
Und nur braun erscheinst du wieder dort.

Höre, Mutter, nun die letzte Bitte:
Einen Scheiterhaufen schichte du;
Öffne meine bange kleine Hütte,
Bring in Flammen Liebende zu Ruh;
Wenn der Funke sprüht,
Wenn die Asche glüht,
Eilen wir den alten Göttern zu.

 

Vampiress by Aichan25

 

La Novia de Corinto

Procedente de Atenas, a Corinto
llegó un joven que nadie conocía.
Y a ver a un ciudadano dirigióse,
amigo de su padre, y diz que habían
ambos viejos la boda concertado,
tiempos atrás, del joven con la hija
que el cielo al de Corinto concediera.

Pero es sabido que debemos caro
pagar toda merced que nos otorguen.
Cristianos son la novia y su familia;
cual sus padres, pagano es nuestro joven.
Y toda creencia nueva, cuando surge,
cual planta venenosa, extirpar suele
aquel amor que había en los corazones.

Rato hacía ya que todos en la casa,
menos la madre, diéranse al reposo.
Solícita recibe aquella al huesped
y lo lleva al salón más fastuoso.
Sin que él lo pida bríndale rumbosa
vino y manjares, exquisito todo,
y con un “buenas noches” se retira.

No obstante ser selecto el refrigerio,
apenas si lo prueba el invitado;
que el cansancio nos quita toda gana,
y vestido en el lecho se ha tumbado.
Ya se durmió… Pero un extraño huésped,
por la entornada puerta deslizándose,
a despertarlo de improviso viene.

Abre los ojos, y al fulgor escaso
de la lámpara mira una doncella
que cauta avanza, envuelta en blancos velos;
ciñen su frente cintas aurinegras.
Al ver que la han visto
levanta asustada
una blanca mano la sierva de Cristo.

–¿Cómo –exclama–, acaso una extraña soy
en mi hogar, que nada del huesped me dicen?
¡Y hacen que de pronto me acometa ahora
sonrojo terrible!
Sigue reposando
en ese mi lecho,
que yo a toda prisa el campo despejo.

–¡Oh, no te vayas, linda joven! –ruega
el joven, que de el lecho salta aprisa–.
Gusté de Baco y Ceres las ofrendas,
pero tú el amor traes, bella corintia.
¡Pálida estás del susto!
¡Ven junto a mí, y veremos
cuán benignos los dioses son y justos!

–¡No te acerques a mí, joven! ¡Detente!
¡Vedada tengo yo toda alegría!
Que estando enferma hizo mi madre un voto
que cumple con severa disciplina.
Naturaleza y juventud –tal dijo–,
al cielo en adelante
habrán de estarle siempre sometidas.

Y de los dioses el tropel confuso
de nuestro hogar al punto fue proscrito.
Sólo un Dios invisible hay en el cielo,
el que en la cruz nos redimiera, Cristo.
Sacrificios le hacemos,
mas no bueyes y toros son las víctimas,
sino lo más preciado y más querido.


Pregunta el joven, ella le contesta,
y él cada frase en su interior medita
–¿Pero es posible tenga aquí delante;
solos los dos, mi bella prometida?
¡Entrégate a mis brazos sin recelo!
¡Nuestra unión, que juraron nuestros padres,
juzgar puedes por Dios ya bendecida!

–¡No me toques, que a Cristo por esposa
destinada me tienen! Dos hermanas
me quedan…, tuyas sean…; yo soy del claustro;
sólo te pido de esta desdichada
alguna vez te acuerdes en sus brazos,
que yo en ti pensaré mientras la tierra
tarde –no será mucho– en darme amparo!

–¡No! ¡A la luz de esta antorcha juraremos
cumplir de nuestros padres la promesa!
No dejaré te pierdas para el goce,
no dejaré que para mí te pierdas.
¡A la casa paterna he de llevarte!
¡Ahora mismo la fecha convengamos
en que ha nuestro himeneo de celebrarse!

Truecan muy luego prendas de amor fiel;
rica cadena de oro ella le entrega;
rica copa de plata de un trabajo
sin par él brinda a la sin par doncella
–Tu cadenilla no me vale;
dame mejor, amada,
un rizo de tu pelo incomparable.

De los fantasmas en aquel momento
suena la hora, en tanto que dichosos
ellos se sienten, y el oscuro vino
se brindan mutuamente, y con sus pálidos
labios sorbe la novia el vino rojo.
Pero del pan que con amor le ofrecen,
abstiénese –y es raro–
de probar tan siquiera un parvo trozo.

En cambio, al joven bríndale la copa,
que él ansioso y alegre luego apura.
¡Oh qué feliz se siente en aquel ágape!
¡Del amor ambriento estaba y de ternura!
Mas, sorda a sus ruegos,
ella se resiste
hasta que él, llorando, se echa sobre el lecho.

Acércase ella entonces; se arrodilla.

–¡Cuánto verte sufrir me da congoja!
Per toca mi cuerpo, y con espanto
advertirás lo que calló mi boca.
¡Cual la nieve blanca,
cual la nieve fría,
es la que elegiste por tu esposa amada!

Con juvenil, con amoroso fuego,
estréchala él entonces en sus brazos.
–Yo te daré calor –dice–, aunque vengas
del sepulcro que hiela con su abrazo.
¡Aliento y beso cambiemos
en amorosa expansión!
¡Un volcán es ya tu pecho!

Préndelos el amor en firme lazo.
Lágrimas mezclan a su goce ardiente.
De un amado en la boca fuego sorbe
ella, y los dos a nada más atienden.
Con su fuego el joven
la sangre le incendia;
¡mas ningún corazón palpita en ella!

Por el largo pasillo, a todo esto,
la dueña de la casa se desliza;
detiénese a escuchar junto a la puerta,
y aquel raro rumor la maravilla.
Quejas y suspiros
de placer percibe;
¡los locos extremos del amor compartido!

Inmóvil junto al quicio permanece
la sorprendida vieja, y a su oído
llega el eco de ardientes juramentos
que su senil pudor hieren de fijo.
–¡Quieto, que el gallo cantó!
–¡Pero mañana a la noche!…
–¡Vendré, no tengas temor!

No puede ya la vieja contenerse;
la harto sabida cerradura abre.
–¿Quién es la zorra –grita– en esta casa
que al extranjero así se atreve a darse?
¡Fuera de aquí, en seguida!
Mas, ¡oh, cielos!, al punto reconoce
al fulgor de la lámpara a su hija.

De encubrir trata el frustrado joven
a su adorada con su propio velo,
o con aquel tapiz que a mano halla;
pero ella misma saca, altiva, el cuerpo.
Y con psíquica fuerza,
con un valor que asombra,
larga y lenta en el lecho se incorpora.

–¡Oh, madre! ¡Madre! –exclama–, ¿de este modo
esta noche tan bella me amargáis?
De este mi tibio nido, mi refugio
sin pizca de piedad ¿a echarme váis?
¿Os parece poco llevarme al sepulcro
al lograr apenas la flor de mis años?

Mas del sepulcro mal cerrado un íntimo
impulso liberóme; que los cantos
y preces de los curas, que acatáis,
para allí retenerme fueron vanos.
Contra la juventud, ¡agua bendita
de nada sirve, madre!
¡No enfría la tierra un cuerpo en que amor arde!

Mi prometido fuera ya este joven
cuando aún de Venus los alegres templos
erguíanse victoriosos. ¡La palabra
rompisteis por un voto absurdo, tétrico!
Mas los dioses no escuchan
cuando frustrar la vida de su hija
una madre cruel y loca jura.

Por vindicar la dicha arrebatada
la tumba abandoné, de hallar ansiosa
a ese novio perdido y la caliente
sangre del corazón sorberle toda.
Luego buscaré otro
corazón juvenil,
y así todos mi sed han de extinguir.

–¡No vivirás, hermoso adolescente!
¡Aquí consumirás tus energías!
¡Mi cadena te di; conmigo llevo
un rizo de tu pelo en garantía!
¡Míralo bien! ¡Mañana tu cabeza
blanca estará,
y tu cara, al contrario, estará negra!

Ahora, mi postrer ruego, ¡oh, madre! escucha:
¡Una hoguera prepara, en ella arroja
en sus llamas descanso al que ama, ofrece!
Cuando salte la chispa
y el escoldo caldee,
a los antiguos dioses tornaremos solícitas

 

Vampiress by blackkorchid

 

The Bride of Corinth

ONCE a stranger youth to Corinth came,
Who in Athens lived, but hoped that he
From a certain townsman there might claim,
As his father’s friend, kind courtesy.
Son and daughter, they
Had been wont to say
Should thereafter bride and bridegroom be.

But can he that boon so highly prized,
Save tis dearly bought, now hope to get?
They are Christians and have been baptized,
He and all of his are heathens yet.
For a newborn creed,
Like some loathsome weed,
Love and truth to root out oft will threat.

Father, daughter, all had gone to rest,
And the mother only watches late;
She receives with courtesy the guest,
And conducts him to the room of state.
Wine and food are brought,
Ere by him besought

Bidding him good night. she leaves him straight.

But he feels no relish now, in truth,
For the dainties so profusely spread;
Meat and drink forgets the wearied youth,
And, still dress’d, he lays him on the bed.
Scarce are closed his eyes,
When a form in-hies
Through the open door with silent tread.

By his glimmering lamp discerns he now
How, in veil and garment white array’d,
With a black and gold band round her brow,
Glides into the room a bashful maid.
But she, at his sight,
Lifts her hand so white,
And appears as though full sore afraid.

“Am I,” cries she, “such a stranger here,
That the guest’s approach they could not name?
Ah, they keep me in my cloister drear,
Well nigh feel I vanquish’d by my shame.
On thy soft couch now
Slumber calmly thou!
“I’ll return as swiftly as I came.”

“Stay, thou fairest maiden!” cries the boy,
Starting from his couch with eager haste:
“Here are Ceres’, Bacchus’ gifts of joy;
Amor bringest thou, with beauty grac’d!
Thou art pale with fear!
Loved one let us here
Prove the raptures the Immortals taste.”

“Draw not nigh, O Youth! afar remain!
Rapture now can never smile on me;
For the fatal step, alas! is ta’en,
Through my mother’s sick-bed phantasy.
Cured, she made this oath:
‘Youth and nature both
Shall henceforth to Heav’n devoted be.’

From the house, so silent now, are driven
All the gods who reign’d supreme of yore;
One Invisible now rules in heaven,
On the cross a Saviour they adore.
Victims slay they here,
Neither lamb nor steer,
But the altars reek with human gore.

And he lists, and ev’ry word he weighs,
While his eager soul drinks in each sound:
“Can it be that now before my gaze
Stands my loved one on this silent ground? Pledge to me thy troth!
Through our father’s oath:
With Heav’ns blessing will our love be crown’d.”

“Kindly youth, I never can be thine!
‘Tis my sister they intend for thee.
When I in the silent cloister pine,
Ah, within her arms remember me!
Thee alone I love,
While love’s pangs I prove
Soon the earth will veil my misery.”

“No! for by this glowing flame I swear,
Hymen hath himself propitious shown:
Let us to my fathers house repair,
And thoult find that joy is not yet flown,
Sweetest, here then stay,
And without delay
Hold we now our wedding feast alone!”

Then exchange they tokens of their truth;
She gives him a golden chain to wear,
And a silver chalice would the youth
Give her in return of beauty rare.
“That is not for me;
Yet I beg of thee,
One lock only give me of thy hair.”

Now the ghostly hour of midnight knell’d,
And she seem’d right joyous at the sign;
To her pallid lips the cup she held,
But she drank of nought but blood-red wine.
For to taste the bread
There before them spread,
Nought he spoke could make the maid incline.

To the youth the goblet then she brought,–
He too quaff’d with eager joy the bowl.
Love to crown the silent feast he sought,
Ah! full love-sick was the stripling’s soul.
From his prayer she shrinks,
Till at length he sinks
On the bed and weeps without control.

And she comes, and lays her near the boy:
“How I grieve to see thee sorrowing so!
If thou think’st to clasp my form with joy,
Thou must learn this secret sad to know;
Yes! the maid, whom thou
Call’st thy loved one now,
Is as cold as ice, though white as snow.”

Then he clasps her madly in his arm,
While love’s youthful might pervades his frame:
“Thou might’st hope, when with me, to grow warm.
E’en if from the grave thy spirit came!
Breath for breath, and kiss!
Overflow of bliss!
Dost not thou, like me, feel passion’s flame?”

Love still closer rivets now their lips,
Tears they mingle with their rapture blest,
From his mouth the flame she wildly sips,
Each is with the other’s thought possess’d.
His hot ardour’s flood
Warms her chilly blood,
But no heart is beating in her breast.

In her care to see that nought went wrong,
Now the mother happen’d to draw near;
t the door long hearkens she, full long,
Wond’ring at the sounds that greet her ear.
Tones of joy and sadness,
And love’s blissful madness,
As of bride and bridegroom they appear.

From the door she will not now remove
‘Till she gains full certainty of this;
And with anger hears she vows of love,
Soft caressing words of mutual bliss.
“Hush! the cock’s loud strain!
But thoult come again,
When the night returns!”–then kiss on kiss.

Then her wrath the mother cannot hold,
But unfastens straight the lock with ease
“In this house are girls become so bold,
As to seek e’en strangers’ lusts to please?”
By her lamp’s clear glow
Looks she in,–and oh!
Sight of horror!–‘tis her child she sees.

Fain the youth would, in his first alarm,
With the veil that o’er her had been spread,
With the carpet, shield his love from harm;
But she casts them from her, void of dread,
And with spirit’s strength,
In its spectre length,
Lifts her figure slowly from the bed.

“Mother! mother!”–Thus her wan lips say:
“May not I one night of rapture share?
From the warm couch am I chased away?
Do I waken only to despair?
It contents not thee
To have driven me
An untimely shroud of death to wear?

“But from out my coffin’s prison-bounds
By a wond’rous fate I’m forced to rove,
While the blessings and the chaunting sounds
That your priests delight in, useless prove.
Water, salt, are vain
Fervent youth to chain,
Ah, e’en Earth can never cool down love!

“When that infant vow of love was spoken,
Venus’ radiant temple smiled on both.
Mother! thou that promise since hast broken,
Fetter’d by a strange, deceitful oath.
Gods, though, hearken ne’er,
Should a mother swear
To deny her daughter’s plighted troth.

From my grave to wander I am forc’d,
Still to seek The Good’s long-sever’d link,
Still to love the bridegroom I have lost,
And the life-blood of his heart to drink;
When his race is run,
I must hasten on,
And the young must ‘neath my vengeance sink.

“Beauteous youth! no longer mayst thou live;
Here must shrivel up thy form so fair;
Did not I to thee a token give,
Taking in return this lock of hair?
View it to thy sorrow!
Grey thoult be to-morrow,
Only to grow brown again when there.

“Mother, to this final prayer give ear!
Let a funeral pile be straightway dress’d;
Open then my cell so sad and drear,
That the flames may give the lovers rest!
When ascends the fire
From the glowing pyre,
To the gods of old we’ll hasten, blest.”

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