Archive for the Europa Category

Voltaire sobre los Vampiros

Posted in Autores, Diccionario, Diccionario Filosófico, Europa, Francia, Literatura, Países, Voltaire with tags , , , , , , , , , on enero 30, 2013 by Morning Kryziz Bonny

¿Por qué uno de los mayores representantes de la ilustración y defensores de la razón hablaba sobre los vampiros?

Verán, ciertos incidentes hicieron que los vampiros tuvieran mucha popularidad en esa época tanto como en la nuestra, aunque con ciertas diferencias.

Mientras que los vampiros de nuestra época son principalmente íconos sexuales para chicas adolescentes, en ese entonces había una histeria relacionada a la creencia de que ciertos muertos estaban cobrando vida y enfermando a sus parientes vivos.

Las escabrosas historias aparecían en los periódicos y en general se creó una histeria colectiva tan grande que culminó en exhumaciones, afectaciones a los cadáveres (se les clavaron estacas, decapitaron, pusieron ladrillos en la boca y otros detalles) y hasta la creación del mayor ícono en el genero de vampiros: Dracula.

La ilustración se empezaba a ver afectada por este tipo de creencias, es por eso que en su diccionario filosófico, Voltaire, hace una crítica a la sociedad que aún cree en vampiros.

 

Vampiros

Diccionario Filosófico

Voltaire

¿Es posible que haya vampiros en el siglo XVIII, después del reinado de Locke, de Saftersbury, de Trenchard y de Collins? ¿Y en el reinado de d’Alembert, de Diderot, de Saint Lambert y de Duclós se cree en la existencia de los vampiros, y el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con la aprobación de la Sorbona?

Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre a los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre, se quedaban pálidos y se iban consumiendo; y los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban completamente apetitosos. En Polonia, en Hungría, en Silesia, en Moravia, en Austria y en Lorena, eran los países donde los muertos practicaban esa operación. Nadie oía hablar de vampiros en Londres ni en París. Confieso que en esas dos ciudades hubo agiotistas, mercaderes, gentes de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo; pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupones no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de [181] Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Démostenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos del rito griego creían que los cuerpos de los cristianos del rito latino, que se enterraban en Grecia, no se pudrían, porque estaban excomulgados. Creían precisamente lo contrario que nosotros los cristianos del rito latino, que creemos que los cuerpos que no se corrompen son los que tienen impreso el sello de la bienaventuranza eterna, y en cuanto se pagan a Roma cien mil escudos por la canonización de cada santo, tributamos a éste la adoración de dulía.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El célebre Tournefort, emisario que mandó a Levante Luis XIV, lo mismo que otros aficionados, fue testigo de algunas jugarretas atribuidas a uno de los broucolacas y de la citada ceremonia.

Después de la maledicencia nada se comunica tan rápidamente como la superstición, el fanatismo, el sortilegio y los cuentos de aparecidos. Pronto hubo broucolacas en Valaquia, en Moldavia y en Polonia, aunque esta nación pertenece al rito romano y no le faltaba más que esta superstición, que se transmitió a toda la parte oriental de Alemania. Continuamente estuvieron ocupándose de los vampiros desde 1730 hasta 1735; los espiaron, les arrancaron el corazón y los quemaron; pero semejantes a los antiguos mártires, cuantos más quemaban más aparecían.

Calmet fue su historiógrafo, y se ocupó de los vampiros, como antes se había ocupado del Antiguo y del Nuevo Testamento, refiriendo fielmente todo lo que sobre esta materia habían dicho antes que él.

Debe ser una cosa curiosísima examinar los procesos verbales jurídicamente entablados a los muertos que salieron de sus fosas para chupar la sangre a los niños y a las niñas de la vecindad. Calmet refiere que en Hungría dos empleados que para este objeto nombró el emperador Carlos VI, con el bailío y el verdugo, fueron a formar causa a un vampiro, muerto seis semanas antes, que chupaba la sangre de los niños de la vecindad, y le encontraron cerrado en el ataúd, fresco, robusto, con los ojos abiertos y pidiendo de comer. El bailío dictó la sentencia; el verdugo arrancó el corazón al vampiro, y después de esta [182] operación ya no chupó la sangre a nadie. Después de este caso nadie debe atreverse a dudar de los muertos resucitados que llenan las antiguas leyendas, ni de ninguno de los milagros que refieren Bollandus y el sincero y reverendo Ruinard.

Encontramos historias de vampiros hasta en las Cartas judías de Argens, a quien los jesuitas acusaron de incrédulo y que luego saborearon su triunfo, cuando el citado autor refirió la historia del vampiro de Hungría, y dieron gracias a Dios y a la Virgen por la conversión de Argena. He aquí lo que dijeron del referido autor: «El famoso incrédulo que dudó de la aparición del ángel a la Virgen, de la estrella que vieron los Reyes Magos, de que se curaran los poseídos, de que se ahogaran dos mil cerdos en un lago, del eclipse que hubo de sol en luna llena, de los muertos que se paseaban por Jerusalén; tocado por la divina gracia, se iluminó su espíritu, y cree en la existencia de los vampiros».

La gran cuestión que hubo entonces fue averiguar si aquellos muertos resucitaron por su propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo. Los grandes teólogos de Lorena, de Moravia y de Hungría hicieron públicas sus opiniones y su ciencia. Recordaron todo cuanto antes San Agustín, San Ambrosio y otros santos dijeron más ininteligible respecto a los vivos y a los muertos. Trajeron a colación todos los milagros de San Esteban que están incluidos en el séptimo libro de las obras de San Agustín, y he aquí uno de los más curiosos. Quedó aplastado un joven en África en la ciudad de Aubzal bajo las ruinas de una muralla, y la viuda fue inmediatamente a invocar a San Esteban, de quien ella era devota, y San Esteban resucitó al aplastado, al que le preguntaron qué es lo que había visto en el otro mundo: «Señores, contestó a los que le preguntaban: cuando mi alma salió de mi cuerpo, encontró infinidad de almas que le hicieron la misma pregunta respecto al mundo. Yo iba no sé a donde cuando encontré a San Esteban, que me dijo: «Devolved lo que habéis recibido». Yo le repliqué: «¿Qué queréis que os devuelva si nunca me disteis nada?» Me repitió tres veces: «Devolved lo que habéis recibido». Entonces comprendí que quería hablar del Credo. Recé el Credo, y en seguida me resucitó.

Citaron además los referidos teólogos las historias que refiere Sulpicio Severo en la vida de San Martín, y probaron que entre los muertos que resucitó San Martín devolvió la vida a un condenado; pero todas esas historias, aunque sean verdaderas, no tenían nada que ver con los vampiros que chupaban la sangre de los niños y luego volvían a meterse en sus ataúdes. Buscaron también en el Antiguo Testamento y en la mitología algún vampiro que pudieran presentar como caso antiguo; no [183] encontraron ninguno, pero probaron, sin embargo, que los muertos comían y bebían, fundándose en que algunos pueblos antiguos les metían alimentos en las fosas.

Cuestionaron también si comía el alma o el cuerpo del muerto, y quedó decidido que comían la una y el otro. Los platos más delicados y de poca substancia, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y el rost-bif y el bifs-teak se los comía el cuerpo.

Decían que los reyes de Prusia fueron los primeros que después de muertos se hacían servir alimentos, y que los imitaban casi todos los reyes de entonces, pero fueron los frailes los que se les comían la comida y la cena y los que se les bebían el vino; de modo que, hablando con propiedad, los reyes no eran vampiros; los verdaderos vampiros son los frailes, que comen a expensas de los reyes y de los pueblos.

Verdad es que San Estanislao, que había comprado gran extensión de terreno a un gentilhombre polaco y no se lo había pagado, perseguido por los herederos ante el rey Boleslao, resucitó a dicho gentilhombre; pero fue únicamente para pagarle la deuda, y no se dice que diera ni un solo vaso de vino al vendedor, que se volvió al otro mundo sin comer ni beber.

Se agita con frecuencia la grave cuestión de si puede absolverse al vampiro que murió excomulgado; no soy teólogo bastante profundo para decidirlo; pero por mi parte yo lo absolvería porque cuando hay que escoger entre dos partidos dudosos, debe elegirse el más benigno.

El resultado de todo es que una gran parte de Europa estuvo infestada de vampiros durante cinco o seis años, y que hoy ya no existen; que hubo convulsionarios en Francia durante más de veinte años, y que hoy ya no los hay; que resucitaron muertos durante algunos siglos, y que hoy ya no los resucitan; que tuvimos jesuitas en España, en Portugal, en Francia y en las Dos Sicilias, y que hoy ya no los tenemos.

*Traducción encontrada en  http://www.filosofia.org
Si quieres continuar leyendo el “Diccionario Filosófico” has click aquí

El Vampiro Bondadoso – Charles Nodier

Posted in Autores, Charles Nodier, Cuentos, Europa, Francia, Literatura with tags , , , , , on enero 17, 2013 by Morning Kryziz Bonny

Charles Nodier

Charles Nodier fue un autor y bibliotecario francés perteneciente al romanticismo fantástico (conte fantastique) escribió “El Vampiro Bondadoso”  y otras obras que pueden verse aquí

 

EL VAMPIRO BONDADOSO

Charles Nodier.

He ido al país de los morlacos impulsado por un vivo deseo de conocer ese pueblo tan singular. No hay aldea morlaca donde no se pueda contar un buen número de vampiros y existen lugares donde hay al menos un vampiro por familia, como en cada familia de los valles alpinos el infaltable “santo” o “idiota”.  Pero en el caso del morlaco vampiro, no se da la complicación de una enfermedad degradante, que altere el principio fundamental de la razón.  El vampiro es consciente y conocedor de todo lo horrendo de su situación, le disgusta y la detesta.  Busca de combatir su propensión de todas las maneras, recurre a los remedios propuestos por la medicina, a lass plegarias religiosas, a la autoextirpación de un músculo, a veces a la amputación de las piernas: en ciertos casos se decide hasta al suicidio.  Exige que después de su muerte, los hijos le perforen el corazón con una cuña y le claven al ataúd para hacer reposar en el sueño de la muerte su cadáver y libertarlo del instinto criminal. El vampiro es de ordinario un hombre bondadoso, a menudo ejemplo y guía en su tribu, a veces ejercita oficialmente la función de juez; a veces es poeta.

A través de la profunda tristeza que le viene de la percepción de su estado, a través del recuerdo y el presentimiento de su siniestra vida nocturna, se adivina un alma tierna, generosa, hospitalaria, que no pide más que amar.  Ocurre que el sol tramonte, que la noche estampe una suerte de sello plúmbeo sobre los párpados del pobre vampiro, para que él comience de nuevo a escarbar con las uñas la fosa de un muerto o perturbe a la nodriza que vela junto a la cuna del recién nacido.  Porque el vampiro no puede ser otra cosa que vampiro y los esfuerzos de la ciencia y los ritos eclesiásticos nada pueden contra su mal.

La muerte no le cura, hasta en el ataúd conserva algún síntoma de vida, y pues su conciencia se mece en la ilusión de que su crimen es involuntario, no debe sorprender el hecho de habérselos encontrado a menudo frescos y sonrientes en el catafalco.  El sueño del desventurado nunca estuvo desprovisto de pesadillas.

En la mayor parte de los casos, esta aberración se limita al intuito mental del infeliz que la experimenta. Cuando se realiza plenamente, ello se debe atribuir al concurso de otros factores, como las pesadillas y el sonambulismo.  Entramos entonces en el campo de la ciencia médica, que hasta ahora no ha tenido en cuenta dos hechos importantes, que me parecen  incontestables. El primero es que la percepción de un acto extraordinario no familiar a nuestra naturaleza se convierte fácilmente en sueño, el segundo, que la percepción repetida con frecuencia, y siempre en el mismo sueño, se convierte fácilmente en una acción proporcionada, realmente cumplida, sobre todo cuando se manifiesta en un ser débil e impresionable.

Los Muertos Masticantes

Posted in Alemania, Austria, Enfermedades, Italia, Leyendas, Links, Literatura, M. Philipus Rohr, Michaël Ranft, Países, Peter Plojowitz, Uncategorized with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on abril 1, 2012 by Morning Kryziz Bonny

Los textos más fascinantes sobre vampirismo no siempre están en las novelas.

Las leyendas casi siempre tienen base en algún hecho real, a veces malinterpretado. Si te has interesado por los diversos orígenes del vampirismo seguramente te has topado con la época de histeria vampírica colectiva y sus reportes misteriosos.

De Masticatione Mortuorum (Dissertatio Historico-Philosophica de Masticatione Mortuorum) es un libro que muestra varios de estos casos. Este libro fue escrito por el teólogo M. Philippus Rohr en 1679

En ese tiempo abundaban leyendas en las que los vampiros no sólo bebían la sangre de sus víctimas, sino también comían su carne, y si no lograban salir de sus tumbas, se comían ellos mismos.

Este tipo de historias y sucesos dispararon la época de histeria colectiva, es por eso que en varios entierros los familiares ponían rocas, tabiques, monedas o piezas de metal y plata en las bocas de sus difuntos. Algunos incluso les cosian los labios.

Hace no mucho se publicaron diversos artículos tras encontrar el cadaver de una mujer a la cual se le aplicó este tipo de entierro.

La mujer se encontró en un entierro masivo (por plaga) en la isla de Lazzaretto Nuovo en Venecia, Italia.

En otros métodos más drásticos, y para evitarse la posible resurección vampírica, se les decapitaba o se les estacaba.

La creencia de esto surgió después de haber exhumado varios cadaveres y encontrado ropas y carne en sus bocas.

En su libro, este autor critica tales acciones, ya que consideraba, eran una falta de respeto al muerto. Y diciendo que lo que en verdad mataba a sus familiares, eran los gases que se juntaban en la tumba y que al abrirla (para cometer estos actos) enfermaban a los que entraban en contacto. Claro, siendo un teólogo y religioso se lo atribuyo al diablo más que a la razón.

En 1979 Michaël Ranft escribe también un libro sobre el vampirismo con un título muy similar. Este se llamó De Masticatione Mortuorum in tumulis

Este libro basa su tésis uno de los mayores casos registrados de vampirismo: el caso de Peter Plojowitz, publicado por primera vez en el Das Wienerisches Diarium, un periódico de Viena, Austria.

De igual forma menciona el libro anterior “De Masticatione Mortuorum” pero critica su enfoque ya que para Ranft este fenómeno era más “natural” y no tenía nada que ver con demonios.

Actualmente no hay traducciones en inglés o español de los libros. Las únicas versiones están el Latín o Francés.

¿De dónde surgió toda esta idea de los muertos masticantes?

Alemania. En este país se originaron las primeras leyendas, y este tipo de vampiros llevaba el nombre de nachzeher. Se llegaba a segurar incluso que al rondar los cementerios podías escuchar el sonido de sus masticaciones.

De acuerdo con las historias, este tipo de vampiro, muy similar también a los zombies, se dedicaba a comerse a otros compañeros difuntos, a sus familiares vivos y finalmente a sí mismo.

Los nachzeher se creaban sin razón alguna, aunque en algunas leyendas se dicen que el suicidio o la muerte espontanea también podían crearlos.

Se piensa que todos estos sucesos pudieron tener ciertos vacíos médicos. En esas épocas la medicina no era la de ahora. Se enterraban vivos que sufrían de enfermedades como catalepsia. No se sabía sobre ciertos procesos naturales que pasan los muertos, como movimiento e hinchazon por gases y el crecimiento de uñas y cabello.

Las muertes entonces podrían haber estado más ligadas a insalubridad o incluso a las consecuencias de la histeria. Parece ridículo pensar que estas dos cosas pueden matar a alguien pero pensemos en el contexto de la época.

Europa era azotada por plagas, de 1300 a 1700. La peste bubónica se llevó del 30 al 60% de la población Europea. Tuvo su pique a mitad de 1300, regresó con fuerza en 1600 y no acabó por completo hasta el siglo XIX.

Uno de los métodos de contagio eran pulgas, y estas jugaban un papel importante ya que eran difíciles de ver.

Las repentinas dolencias y enfermedades, atribuídas a los difuntos cadaveres masticantes pudieron ser simplemente consecuencias de mala higiente, contacto con el muerto y contagio.

De igual forma hay varias enfermedades cardiovasculares que pudieron dispararse con todas esas creencias y llevarse la vida de muchos.

A %d blogueros les gusta esto: